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Dios es misericordioso y compasivo. Salmo 111:4 Ha hecho memorable sus mara­ villas; clemente y misericordioso es Jehová.

Tenemos tantas razones para alabar a Dios, y la lec­ción hoy examina muchas de esas razones. A pesar de las rebeliones de Israel en el Antiguo Testamento y a pesar de nuestra rebelión, Él vino a nuestro mundo, y dio a su Hijo para que pudiéramos tener una relación con Él. Nuestro Señor merece tanto nuestra alabanza como nuestra obediencia.

El enfoque principal de la vida cristiana es adorar a Dios. De hecho, hay muchas razones para hacerlo. Él nos creó y quiere que tengamos comunión con Él. Nos ha redimido del pecado, está con nosotros cada día y nos promete la eternidad en su presencia. Todas estas bendiciones derivan de su gracia, que tiene como fundamento su amor. Nos ha dado más de lo que podemos imaginar, y ciertamente más de lo que merecemos.

Parte 1—Razones para la adoración de todo corazón

□ Las obras de Dios son asombrosas Salmo 111:1-4

Este salmo se recitaba en las celebraciones después de que el pueblo de Judá regresó del exilio en Babilonia. Habían sentido las trágicas consecuencias del pecado persistente y el gran gozo de la liberación. El salmo comienza con una descripción de la adoración y la acción de gracias colectivas, y luego describe la motivación para la alabanza que tiene el pueblo de Dios al congregarse. Alaban al Señor por sus increíbles obras. Salmos 111:1 describe al pueblo de Dios como «la congregación de los rectos» que honran a Dios con su vida y obedecen sus mandamientos. Nuestra alabanza debe de ir acompañada del amor y la búsqueda de la piedad.

Las obras de Dios son asombrosas y dignas de proclamar (v. 2). Dan testimonio de su grandeza en la creación, el sustento y la soberanía sobre todo el universo. Dios es justo y bueno; su justicia es constante (v. 3). Él es fiel a su carácter justo, y nunca deja de hacer lo que ha prometido. Nosotros, también, vemos las grandes cosas que Él hace todos los días. Su amor obra en nosotros, y su misericordia cambia vidas que parecían inmutables. Verdaderamente, las obras de Dios son asombrosas.

□ Todo lo que Dios hace es justo y bueno Salmo 111:5-10

Las promesas del pacto de Dios a su pueblo son motivo de alabanza. Primero, el salmista recordó el deseo de Dios de atender las necesidades de su pueblo, incluyendo al pobre y el necesitado (Salmo 115:5; véanse Levítico 19:9,10; Deuteronomio 15:7-11).

La fidelidad de Dios a su pacto incluía la expansión de la nación de Israel (Salmo 111:6). Dios le prometió a Abraham que se convertiría en una gran nación y que bende­ciría a todas las naciones (Génesis 12:1-3). Esta promesa se hizo realidad en la historia de

Israel, aun cuando el pueblo de Dios lo abandonó y fue al exilio.
El Señor nunca ha dejado de ser bueno y justo (Salmos 111:7, n t v ). Su Palabra cierta­

mente se cumplirá y, por lo tanto, siempre debe ser obedecida «fielmente y con integridad» (v. 8, n t v ). Esto sigue siendo un desafío hoy. El mundo pone en duda los mandamientos de Dios, alegando que son anticuados o intolerantes—afirmaciones que acusan a Dios de ser injusto. Como pueblo del Señor, debemos de aferrarnos a la verdad de que los caminos de Dios son siempre justos y buenos.

El salmista declaró la realidad de que Dios ha redimido a su pueblo (v. 9). El plan de redención de Dios siempre ha sido central al trato de Dios con la humanidad. Este versí­ culo podría ser la piedra angular de este salmo.

Debido a que tememos al Señor, tenemos un fundamento sólido del cual obtener «verdadera sabiduría» (v. 10, n t v ). Declaremos con el salmista que Dios es bueno y justo en todos sus caminos.

Parte 2-Vivan una vida llena de gracia

□ Teman al Señor Salmo 112:1

El gozo y el temor generalmente no se encuentran juntos, sin embargo, este tan práctico y alentador salmo declara que quienes temen al Señor son gozosos en gran manera. Al ana­ lizar este salmo, entendemos por qué temer al Señor nos producirá, de hecho, gran gozo. Pero debemos entender lo que significa «temer a Dios» (Salmo 112:1). Temer a Dios signi­ fica venerarlo y respetar debidamente su posición exaltada y soberana. La Escritura es clara en cuanto a que, si bien Dios es ciertamente nuestro Amigo, no es nuestro igual. Es digno de exigir y recibir el mayor honor y la máxima reverencia que un ser humano pueda dar.

La segunda mitad del versículo 1 declara que el pueblo de Dios «en sus mandamientos se deleita en gran manera». La obediencia no es una carga cuando reconocemos a Dios como Señor, Dios omnipotente, poderoso Salvador y Redentor, y amoroso Padre que desea tener una relación con sus hijos. A partir de esa relación, el pueblo de Dios disfruta de las maravillosas promesas llenas de gracia que se describen en el resto del salmo.

□ Deléitense en vivir en el temor de Dios Salmo 112:2-10

Las mujeres y los hombres piadosos tienen la responsabilidad de dejar un legado espiritual (Salmo 112:2). Todas las personas que influyen en la vida de los niños deben de guiarlos en los caminos del Señor. En el versículo 3, el salmista explicó que las bendiciones de Dios se reflejan en la vida de quien teme a Dios, pero no siempre como bendiciones materiales. «Bienes y riquezas» a menudo se usan en un sentido no material (Proverbios 8:18,19; 13:7). Las «buenas acciones» (Salmo 112:3, n t v ) describen cómo el pueblo de Dios ha ordenado su vida de acuerdo con la Palabra de Dios.

Aun los piadosos pueden experimentar tinieblas, pero la luz que brilla en la oscuridad les ofrece esperanza (v. 4). En lugar de retroceder en la adversidad, esa esperanza hace que el piadoso sea «clemente, misericordioso y justo». El que teme a Dios reconoce las necesi­ dades de los demás y busca formas de satisfacer esas necesidades.

Las personas temerosas de Dios son honrados en todos sus tratos (v. 5). «No las [vence] el mal» (v. 6, n t v ) puede significar que encuentran seguridad en Dios, o que no toman represalias contra quienes les hacen mal. Su perseverancia en la adversidad es un

testimonio de la presencia de Dios en su vida. Aun cuando las «malas noticias» llegan «confían plenamente en que el Señor los cuidará» (v. 7, ntv). El versículo 9 es similar al versículo 4 en que aquel que teme a Dios reconoce cuando las personas están necesitadas, y él o ella responden adecuadamente.

Los inconversos a menudo responden a los piadosos con enojo o animosidad (v. 10). Podemos encontrar consuelo al saber que Dios nos bendecirá por la eternidad. Trágica­ mente el no creyente que persiste en la incredulidad tiene un futuro de tristeza y juicio.

Parte 3-Exaltemos a Aquel que nos levanta

□ El Señor es exaltado Salmo 113:1-4

El Salmo 113 convoca al pueblo de Dios a alabar con un llamado a «[alabar] el nombre de Jehová» (v. 1). Como suele ser el caso en las Escrituras, el «nombre» del Señor es una referencia a su carácter, reputación y atributos. Señala la totalidad de su ser. Cuando el adorador exalta el nombre del Señor, él o ella se enfoca en su carácter, bondad y poder soberano sobre toda su creación.

«Bendito» en el versículo 2 representa la acción de inclinarse. Cuando exaltamos a Dios, nos postramos en humilde sumisión a Él. Tal sumisión comienza cuando lo segui­mos por primera vez y continúa a lo largo de nuestra vida. El honor, la exaltación y la sumisión que ofrecemos a Dios debe caracterizar cada aspecto de nuestra vida.

Además, el Señor debe ser alabado por sobre todas las naciones (v. 4). Cada nación de Canaán tenía su propio dios, pero sólo el Señor era, y siempre será digno de alabanza.

□ Dios provee para nosotros: ¿Quién como el Señor nuestro Dios? Salmo 113:5-9

El salmista preguntó: «¿Quién como Jehová nuestro Dios?» (Salmo 113:5). La respuesta obvia es nadie. Es único e insuperable. Como Creador del cielo y la tierra, nada se compara con Él. Es trascendente, o está muy por encima de la creación en posición y gloria.

Sin embargo, el salmista proclamó la «inmanencia de Dios», una referencia a su cer­ canía a la humanidad. Él «se inclina» (v. 6, ntv) o «se humilla» en favor de la humanidad, para levantar a los pobres y necesitados, temporal y espiritualmente. Luego los exalta, llevándolos del polvo al pináculo (véase 1 Samuel 2:8). En su compasión, Dios se inclina humildemente en favor nuestro, atendiendo nuestras necesidades diarias y, fundamental­ mente, proporcionando redención.

Qué nos dice Dios?

La gracia de Dios obra en la vida de su pueblo. Su estado altamente exaltado nos recuerda que Él está por encima de cualquier circunstancia, y tiene un plan para nuestra vida. Por eso Él merece nuestra alabanza, aun en los momentos difíciles de la vida.

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