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Glorifique al Dios viviente, que está soberanamente activo en los asuntos de la humanidad., Salmo 115:1 No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria, por tu misericordia, por tu verdad.

Puede que nos resulte fácil adorar y glorificar a Dios cuando las cosas en nuestra vida van bien. Sin embargo, cuando la adversidad golpea, podemos sen­tir la tentación de arremeter o culpar a Dios por nuestras circunstancias. Durante esos momentos, la alabanza se vuelve más difícil y podemos entender el concepto de ofrecer a Dios el sacrificio de alabanza. Incluso podemos sentir que toda la vida es un sacri­ficio. Los salmos que estamos viendo en esta lección presentan un contraste. Uno se enfoca en los buenos tiempos y el otro en los tiempos adversos. Pero Dios sigue siendo soberano, sin importar la etapa de la vida en que estemos, y Él merece ser glorificado.

Quienes nos rodean a menudo observan cómo res­pondemos a los acontecimientos de la vida. Quie­ren ver si nuestra relación con Dios es real y si nos ayudará a enfrentar las difíciles circunstancias de la vida. Aprender a responder a la adversidad a la manera de Cristo es un testimonio de la fidelidad de Dios hacia nosotros.

Parte 1—Glorifiquen al Dios viviente

□ Nuestro amoroso Dios Salmo 115:1,2

El pueblo de Israel estaba experimentando una adversidad. El salmista no nos dice cuál era esa adversidad, pero el pueblo reconocía que eso afectaba la imagen de Dios en cuanto a su capacidad de proteger y proveer para su pueblo. Por lo tanto, oraron: «No a nosotros, oh Señor, no a nosotros» (Salmos 115:1). No pedían a Dios que los librara por el bien de ellos. Estaban pidiendo que hiciera algo para restaurar el honor y la gloria a su Nombre.

La adversidad de Israel y la aparente incapacidad o falta de deseo de Dios de ayudar a su pueblo suscitó una respuesta sarcástica de las naciones vecinas de Israel (Salmo 115:2). Habían oído cómo Dios había liberado a los israelitas de Egipto (véanse Josué 3:9-11; 6:1; 5:1). Quizá algunas de estas naciones habían experimentado la derrota a manos de los israelitas. El comentario sarcástico no solo afectaba la imagen del pueblo de Dios y su rela­ ción con Él, sino también la imagen de su capacidad para ayudar y defender a su pueblo. El pueblo de Dios no podía entender por qué Dios no respondía a las burlas de esta gente impía y no se defendía.

Cuando experimentamos adversidad, podríamos preguntarnos: ¿Dónde está Dios en nuestra adversidad? Aquellos que saben que creemos en el poder de Dios para salvar y librar pueden cuestionar la integridad y la capacidad de Dios para ayudar.

□ La futilidad de los ídolos Salmo 115:3-8

Salmo 115:3-8 presenta un gran contraste entre el Dios de Israel y los ídolos de los paga­ nos. Los paganos podían ver sus ídolos; no podían ver al Dios de Israel. El salmista pro­ clamó la soberanía de Dios. Nuestro Señor no es un Dios impersonal e inamovible. Tiene un corazón de amor que se mueve a la acción en favor de sus hijos. Él es todopoderoso. Está en el cielo y «hace lo que le place» (v. 3, ntv). No puede ser manipulado.

Los ídolos de los paganos son hechos por el hombre y son inútiles. Sus características humanas—boca, ojos, oídos, manos, pies y garganta—no tienen la capacidad de funcio­nar (w. 4-8; véase también Isaías 44:9-20). En contraste, el Dios del cielo oye, ve y habla (Salmo 34:17; 33:13; 85:8). Los enemigos de Dios lo habían ridiculizado y habían inti­ midado a quienes lo seguían, pero los que hacen ídolos y confían en ellos son tan necios como sus ídolos (Salmo 115:8). Mientras que los paganos insinuaban que el Dios de Israel era impotente, neciamente creían que los ídolos hechos por el hombre podían ayudarlos.

Vivimos en una época en que la gente a menudo nos ridiculiza por creer en Dios. Afirman que Dios es una muleta para los débiles. La Biblia, sin embargo, declara que Dios es el Creador del cielo y la tierra. Él es el Dios soberano sobre toda la creación. Como tal, podemos confiar en Él, incluso en la adversidad.

Parte 2-Glorifiquen al Señor que atiende cada detalle

□ Dios es nuestro ayudador y escudo Salmo 115:9-11

El salmista hizo un llamado a Israel a confiar en Dios (Salmos 115:9-11). El llamado se dirigió a a tres grupos: (1) Toda la nación debía de confiar en Dios. Dios los había llamado a ser su pueblo especial (Deuteronomio 26:17-19). No debían de abandonarlo. (2) Los sacerdotes—los líderes espirituales— debían de confiar en Dios. A veces, los sacerdotes eran infieles a su llamado y la nación sufría (Ezequiel 22:26: Malaquías 2:7-9). (3) «Todos los que temen al Señor» (Salmo 115:11, ntv)—que incluso incluiría a aquellos por fuera del pacto de Israel—debían confiar en Dios.

Los tres grupos tenían la misma razón para confiar en Dios: «Él es tu ayuda y tu escudo» (Salmos 115:9-11). Dios sería su «escudo» para protegerlos de sus enemigos. El pueblo de Israel enfrentó el Mar Rojo cuando el faraón y su ejército iban tras ellos, pero Dios no los abandonó. Este era un recordatorio constante para ellos de Dios y de su fide­lidad. Podían confiar en Él.

Nosotros también podemos confiar en Dios cuando el camino parece incierto. La misma razón aplica a nosotros: Él es nuestro ayudador y escudo.

□ Dios bendice a quienes le temen Salmo 115:12-18

El salmista comenzó el Salmo 115 con el lamento de que Dios aparentemente había abandonado a Israel. Sin embargo, lo concluyó con palabras de aliento. Dios de hecho se ha acordado de su pueblo (w . 12,13, n t v ). Nuevamente, el salmista nombró tres grupos de personas: «el pueblo de Israel», «los sacerdotes» y «los que temen al Señor, tanto los grandes como los humildes». Dios no hace ninguna distinción entre laicos, sacerdotes y marginados sociales. Todos los que depositan su confianza en Él son su pueblo y reciben sus bendiciones.

Aunque el pueblo de Dios pueda experimentar adversidades. Dios no los olvida. Ellos son su pueblo del pacto y «Se ha acordado de su misericordia y de su verdad para con la casa de Israel» (Salmo 98:3). Prometió bendecirlos librándolos de sus aflicciones y cum­ pliendo sus promesas a ellos.

Salmo 115:14-18 es una oración pidiendo la bendición de Dios. Sus bendiciones son para todas las generaciones (v. 14). Como Creador, Dios gobierna soberanamente sobre todo lo que creó (v. 16). Él ha asignado a la humanidad el gobierno y cuidado de la tierra (véase Génesis 1:28; 2:15). Todo lo que hacemos debe ser para servir y honrar a Dios.

En el versículo 18, al pueblo se le recuerda alabar a Dios. Este salmo enseña que, en la adversidad, Dios es nuestro ayudador y escudo. Aun cuando no lo vemos obrar, Él es todavía Dios. Por esto, Él es digno de nuestra alabanza.

Parte 3-Glorifiquen al asombroso Proveedor

□ Dios provee para nuestras necesidades espirituales Salmo 65:1-8

El pueblo de Israel había venido a Jerusalén (Sion) para adorar a Dios en su templo (Salmos 65:1). Dios había respondido a sus oraciones y se comprometieron a cumplir sus «votos» y adorarlo (Salmo 56:12; 61:8; 66:13-15). El alcance de la adoración abarca más que Israel. «Todos nosotros» (Salmos 65:2, n t v ) o «toda carne» se refiere a «toda la humanidad».

Los israelitas venían a Jerusalén para ofrecer sacrificios por el perdón. Llevaban la abrumadora culpa del pecado (v. 3, n t v ; véase 32:1-7). Debido a que encontraban el perdón, podían adorar con gozo al «[habitar] en tus santos atrios» (Salmo 65:4). Dios era su Salvador (v. 5). Había mostrado su majestuoso poder a través de «imponentes obras» (ntv). Israel podía ver su gran poder a través de la creación (v. 6). El «estruendo de los mares» no representaba ninguna amenaza porque Dios los había creado (v. 7).

El gran poder de Dios no era únicamente para Israel (v. 8). Él era «la esperanza de todos los que habitan en la tierra» (v. 5, ntv). Jesús es la esperanza de nuestro mundo. A través de Él encontramos el perdón de los pecados, y con gozo lo alabamos y proclamamos su nombre a todas las naciones.

□ Dios provee para nuestras necesidades físicas Salmo 65:9-13

Este salmo describe la abundancia que viene de Dios. Los ríos están llenos de agua (Salmos 65:9). Él hace que la tierra sea rica y fértil (v. 9). Mientras preparaban los campos, depen­dían de Dios para que les suministrara el agua para cultivar sus cosechas. El agua que cae sobre los campos ablanda la tierra arada (v. 10) ayudaba que las cosechas maduraran y die­ ran frutos abundantes (v. 11). En el desierto, donde la hierba a menudo escaseaba, la lluvia convierte el sequedal en pastizales (v. 12) para suministrar alimento a las ovejas (v 13).

El abundante derramamiento de la provisión de Dios es señal de su gran misericordia. Israel era el pueblo especial de Dios, pero el mensaje de este salmo va más allá de Israel (v. 2). Dios quiere que «toda carne» tenga salvación a través de Cristo. Quiere restaurar a toda la humanidad a Su propósito original para el cual creó este mundo. Nuestra responsabili­ dad es hablar de la gracia de Dios y el perdón de los pecados (Mateo 28:19,20).

¿Qué nos dice Dios?

A diferencia de los dioses del mundo, nuestro Dios está vivo y activo en nuestra vida. Él es consciente de nosotros, es el Amo de todo y se preocupa por nosotros. Él provee para nuestras necesidades espirituales y físicas, y desea que vivamos en una relación con Él.

 

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