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Cante alabanzas a Dios por su incomparable grandeza. Salmo 147:1 (n tv ) ¡Alabado sea el Señor! ¡Qué bueno es cantar alabanzas a nuestro Dios! ¡Qué agradable y apropiado!

Las razones que tenemos para alabar a Dios son infi­nitas. Cuando pensamos en su poder, su obra a favor nuestro y la gran bendición de ser sus hijos, debemos sentirnos movidos a adorarlo. En esta lección, vere­mos algunas de las formas en que nuestra alabanza está por debajo del sacrificio de alabanza que Él desea de nosotros. Seremos desafiados a alabarlo de mane­ ras que le agraden.

La adoración es una parte vital de la vida de cada cre­yente y una parte integral de la iglesia. Hoy no tene­mos sacrificios de animales. Sin embargo, la adora­ ción puede tomar muchas formas, tales como cantar, dar la ofrenda, servir, etc. La forma en que adoramos y la condición de nuestro corazón son clave. Es pru­dente que examinemos con regularidad este aspecto de nuestra vida espiritual. ¿Cómo mantenemos la adoración apasionada en vez de simplemente marcar algo más en nuestra lista de «cosas por hacer»?

El Salmo 50 es una historia musical sobre Dios emitiendo una citación judicial para todas las perso­nas. Él convoca tanto al cielo como a la tierra como testigos. Nadie está exento de la convocatoria para comparecer. En la canción, Dios mismo se dirige a todos aquellos que dicen ser seguidores de Jehová, así como a aquellos que lo rechazan.

Parte 1—Escuchen y obedezcan al Juez perfecto

□ Citación a comparecer Salmo 50:1-6

El Salmo 50 es uno de los doce cánticos atribuidos a Asaf. Aquí se observa el antiguo uso de un procedimiento legal para denotar la gravedad de un asunto. La convocato­ria (citación) se ha enviado y el escenario está listo. Dios es introducido en la sala del tribunal con fuego y tempestades. Viene a juzgar. Su poder y fuerza se muestran en su manera de llegar.

Aquellos que afirman estar en un acuerdo de pacto con sacrificio son los primeros llamados. Se les informa que los sacrificios no se deben a que Dios necesite ser alimen­ tado, atendido o aplacado. Los dioses del mundo antiguo requerían ese tipo de sacrifi­cios, pero no el Dios vivo. A continuación, comentaremos su declaración a este grupo.

□ Los malvados son reprendidos Salmo 50:16-23

Ahora, pasamos a otro grupo al que se dirigió en la sala del tribunal: los malvados o los que rechazan las leyes y el pacto de Dios. Incluso, estas podrían ser personas que afirman ser temerosas de Dios. Sin embargo, en lugar de reflejar el amor de Dios, ellos:

1. citan las escrituras, pero no las viven (v. 16).
2. aborrecen las instrucciones de Dios, y desechan sus palabras (v. 17).
3. ven un mal comportamiento y no sólo lo aprueban, sino que participan en él (v. 18). 4. usan su lengua para hacer daño aun a sus seres más cercanos en vez de controlarla(w. 19,20).

La reprensión de Dios es que su pueblo ha perdido de vista la relación que define específicamente el pacto que hicieron con Él. Ellos, y nosotros, perdemos de vista el hecho de que el precio de la redención es una vida. Dios no necesita el sacrificio. Noso­tros sí. Dios no necesita la iglesia. Nosotros sí. Dios no necesita la oración. Nosotros sí. Cuando adoramos como si le estuviéramos dando a Dios algo que Él necesita, estamos realizando rituales. Cuando adoramos a Dios sabiendo que necesitamos esta relación para tener salvación, verdadera paz y verdadero gozo, entonces tenemos un entendi­miento correcto.

Dios baja el mazo, pero en lugar de pronunciar una sentencia, hace una adverten­cia severa: ¡Recuerde a Dios y sus caminos, o lo hará pedazos sin que nadie lo rescate! La llave al corazón de Dios y a una buena relación es ofrecer un sacrificio de alabanza (v. 23). Este es el antídoto para el ritualismo y el puente hacia una gran relación con el Dios Todopoderoso.

Parte 2- Supliquen al Dios autosuficiente

□ Escuchen el mensaje de Dios Salmo 50:7,8

Dios abre esta parte de la escena de la sala del tribunal dirigiéndose a su pueblo con la orden de que escuchen (Salmo 50:7). Si no examinan su propio comportamiento, entonces Él lo hará. Ellos lo representan ante las naciones circundantes. Llevan su Nombre. De la misma manera, representamos a Dios en nuestro mundo. Nuestra vida debe reflejar su carácter. El famoso corredor olímpico y medallista de oro Eric Liddell lo expresó de esta manera: «Todos somos misioneros. Dondequiera que vayamos, o acercamos a las personas a Cristo o las alejamos de Cristo».

Dios le recuerda a su pueblo que su pacto fue con Él. Su silencio no era un elogio por su conducta. Era, y sigue siendo, que el libre albedrío nos mueva a elejir la justicia. Dios llama a los suyos a rendir cuentas del voto que hicieron de honrarlo y obedecerle. El cargo mayor contra ellos es guardar la ley al pie de la letra e ignorar al Legislador. Cuando parti­cipamos en las formalidades de la adoración sin involucrar nunca nuestra mente o nuestro corazón, dejamos esa oportunidad de adorar sin ninguna huella de nuestro Creador.

□ Lo que Dios desea de su pueblo Salmo 50:9-15

El sacrificio era un símbolo del pacto de Israel. Un anillo de bodas es símbolo del pacto entre el esposo y la esposa; sin embargo, muchos usan el anillo mientras traicionan la fidelidad que simboliza. Israel fue infiel al pacto que Dios había hecho con ellos. Ofrecían los sacrificios como un ritual en vez de un acto de adoración por la liberación del pecado.

Dios pronuncia su sentencia. Decreta que los sacrificios no tienen valor a menos que sean hechos con un corazón agradecido. El rey David conocía esta verdad sobre los acuer­ dos de pacto con Dios. Dijo en 2 Samuel 24:24 que no ofrecería un sacrificio que no le costara nada. Tratar nuestra relación con Dios como algo sin valor es una afrenta a Dios, quien nos creó a su imagen y nos abrió un camino para vivir eternamente.

Sin embargo, aunque el amor de Dios requiere justicia, ¡Él también es nuestro Libera­ dor (Salmo 50:15)! El sacrificio en el pacto significa que Dios nos ve a través del sacrificio y somos juzgados en base a su justicia (de Cristo). El precio del pecado debe de pagarse. Dios está dispuesto a pagar el precio, pero debemos reconocer el costo y aceptar el regalo.

Parte 3-Cantemos alabanzas al Señor

□ Dios merece nuestra alabanza Salmo 147:1-6

Si ha estado cerca de un niño pequeño durante algún periodo de tiempo, probablemente conozca su propensión a hacer la pregunta «¿por qué?» reiteradamente. Muy a menudo

nos comportamos como niños pequeños con Dios. Insistimos en saber el por qué antes de escuchar y obedecer.

¿Por qué debemos cantar, alabar y dar gracias? Porque somos nosotros los que nos beneficiamos. A menos que estemos enfocados en Él, tendemos a ser muy miopes en nues­tro pensamiento y perspectiva. Pero cuando nos enfocamos en Dios y en los cielos, nuestra situación y los acontecimientos en la tierra se ubican en la perspectiva adecuada. El Dios que edifica a Jerusalén—que reúne a los exiliados en su tierra, que sana a los quebrantados de corazón y venda sus heridas—¡es el mismo Dios que cuenta las estrellas y las llama por su nombre! Nos ama tanto que dio a su Hijo por nosotros. ¡Por eso lo alabamos!

□ Cantemos alabanzas a Él Salmo 147:7-11

El Dios que administra las galaxias y llama a las estrellas por su nombre asombrosamente vuelve su atención a los detalles de nuestra vida. Muchos ven a Dios como el «alguacil de los cielos» esperando para llamarnos la atención y castigarnos. Algunos lo ven como dis­ tante y fuera de su alcance. Pero Él nos ama lo suficiente para enviar a su único Hijo para salvar la brecha causada por el pecado, y Él desea una relación con nosotros.

El misterio de la alabanza excede las habilidades de la mente lógica. Pablo y Silas ora­ ron y cantaron desde el calabozo interior de una cárcel de Filipos (Hechos 16:16-40). Dios se movió, no solo para rescatarlos, sino para traer a otros a Él. En el Antiguo Testamento, el rey Josafat envió cantantes para liderar la batalla (2 Crónicas 20:20-27).

Este salmo probablemente fue escrito como parte de la dedicación de los muros recons­ truidos de Jerusalén bajo el liderazgo de Nehemías. Este pueblo de Dios exiliado estaba aprendiendo a renovar y restaurar su fe. Usted también puede alabar y dar gracias. Puede ser difícil y por eso se lo llama sacrificio. ¡Pero simplemente hágalo! ¡Será bendecido!

Qué nos dice Dios?

Dios puede leer nuestros pensamientos y las intenciones de nuestro corazón (Salmo 139). En la Biblia, Dios usó historias, drama, milagros, parábolas, poesía, canciones y más para mostrarnos su amor. Él nos llama a responder a su amor y a compartir ese amor con otros.

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