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El Espíritu Santo da poder y dirección para el ministerio, Romanos 8:14
Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.

Si bien la Iglesia había comenzado en la ciudad de Jerusalén, no debía ser un esfuerzo local, sino que debía llegar a todas las naciones y a todos los pue­blos del mundo. Jesús había dicho que sus seguido­ res serían sus «testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra» (Hechos 1:8). La lección de hoy seguirá a algunos de los que comenzaron a acatar estas instrucciones. La tarea aún no está terminada, por lo que se nos encargó, al igual que a los primeros discípulos, llevar el mensaje hasta los confines de la tierra.

La Iglesia tuvo un comienzo poderoso en la ciudad de Jerusalén. El derramamiento del Espíritu Santo en el Día de Pentecostés ocasionó la salvación de tres mil personas, a las que más tarde se unieron muchas más. Sin embargo, esto fue solo el comienzo. El plan de Dios incluía a aquellos que vendrían a Cristo desde fuera de Israel y el judaismo. Felipe y Pedro tuvieron el privilegio de ser los primeros en llevar el evangelio a samaritanos y a gentiles.

Parte 1—El ministerio de Felipe

□ Gozo en la ciudad Hechos 8:4-13

Quienes apedrearon a Esteban y comenzaron a perseguir a la Iglesia no anticiparon que los cre­yentes dispersos llevarían el mensaje de Jesucristo dondequiera que fueran (Hechos 8:4). En Hechos 1:8, Jesús específicamente dijo a sus seguidores que testificaran de Él en Samaria, entre la gente que por siglos había sido rechazada por la corriente principal de los judíos debido a su raza mixta y a su desvia­ción del judaismo tradicional. Jesús mismo se había acercado a los samaritanos en Juan 4:1-42); aquí, Felipe compartiría con ellos el mensaje completo (Hechos 8:5). Dios por su parte reforzó el mensaje con señales milagrosas (w. 6,12). Al ver las sanidades, había gran gozo en la ciudad (w. 7,8).

Entre los que escucharon a Felipe estaba Simón, un hechicero que «con sus artes mági­cas les había engañado mucho tiempo» (w. 9-11). El versículo 10 sugiere que los sama­ritanos creían que el poder de Simón provenía de Dios mismo. Sin embargo, la mentira de Satanás se rompió cuando los samaritanos creyeron en el evangelio. Simón mismo se hizo creyente (v. 13), aunque más tarde fuera reprendido por el apóstol Pedro por intentar comprar el poder de Dios para sus propios propósitos (w. 18-24).

□ Gozo en el desierto Hechos 8:26-40

En medio de un poderoso despertar espiritual en Samaria, Dios tenía otra tarea para Felipe. Envió a un ángel para que lo guiara a un camino desértico entre Jerusalén y Gaza (Hechos 8:26). Allí conoció al tesorero de la reina de Etiopía (v. 27). Este gentil, de lo que ahora se llama Sudán, adoraba al Dios de Israel; ahora volvía a casa desde Jerusalén, leyendo en voz alta los escritos de Isaías, probablemente de un costoso rollo copiado a mano (v. 28).

Por insinuación del Espíritu Santo, Felipe se acercó al carro y el hombre lo invitó a via­ jar con él (w. 29-31). Dios había preparado al etíope para el testimonio de Felipe. Después de leer la profecía de Isaías sobre el sacrificio voluntario y humilde de Jesús, el eunuco no estaba seguro a quién se refería el pasaje, (w. 32-34). Felipe gustosamente «le anunció el evangelio de Jesús» probablemente incluyendo el mandato de ser bautizado. Viendo un poco de agua, el eunuco quiso mostrar su compromiso con Cristo a través del bautismo en agua (v. 36), así que Felipe lo bautizó (w. 37,38).

Entonces Dios sobrenaturalmente «arrebató a Felipe» (v. 39). Este verbo griego se usa en 1 Tesalonicenses 4:17 para referirse al rapto de la Iglesia. Felipe apareció más tarde en Azoto y predicó hasta Cesárea (Hechos 8:40; véase 21:8). El eunuco regresó a su tierra natal, regocijándose en la salvación que había recibido.

Parte 2-EI ministerio del apóstol Pedro

□ Sanado para ser testigo Hechos 9:32-35

El ministerio de Pedro lo llevó a visitar a los creyentes en Lida (Hechos 9:32). Cerca de la costa y a unos 19 km (12 millas) de Jope, la única mención de Lida en el Nuevo Testamento se encuentra en este pasaje. En Lida, Pedro encontró a Eneas, que padecía una parálisis prolongada que lo había confinado a la cama durante ocho años (v. 33). Lucas no registró la causa de la parálisis; sin embargo, para este tiempo, Eneas habría estado bastante débil y sus músculos quizá se habrían atrofiado. Pedro había estado presente cuando Jesús ordenó a un paralítico que se levantara, recogiera su estera y fuera a casa (Mateo 9:1-8). Aquí, Pedro ordenó a Eneas que se levantara (Hechos 9:34). Dios usó esta sanidad para traer a toda la población de la ciudad de Lida y Sarón (una llanura fértil de unos 80 km [50 millas] de longitud en la costa mediterránea) a una relación con Él (v. 35).

□ Resucitada para ser testigo Hechos 9:36-43

La noticia del ministerio de Pedro en Lida había llegado a los creyentes de Jope. Ante una grave necesidad, le rogaron que viniera pronto (Hechos 9:38). Tabita (también cono­ cida como Dorcas) era una creyente que hacía buenas obras y ayudaba a los pobres (v. 36). Cuando una enfermedad le quitó la vida, los creyentes prepararon su cuerpo para la sepultura, pero sabían que Dios podía hacer lo imposible (v. 37). Al llegar, Pedro se encontró con algunos de los que habían sido tocados por la bondad de Tabita—las viu­ das le mostraron las ropas que les había hecho (v. 39). De manera similar a las acciones de Jesús en la casa de Jairo, Pedro los envió fuera de la habitación (v. 40; véase Mateo 9:24,25). Se arrodilló y oró, y luego le dijo a Tabita que se levantara. Ella abrió los ojos, lo vio y se sentó. Pedro bendijo a las viudas devolviéndoles a quien tanto amaban (Hechos 9:41). La historia de Tabita llevó a muchos al Señor (v. 42).

Pedro se quedó en Jope alojado donde un curtidor llamado Simón, cuya ocupación era considerada impura por los judíos (Hechos 9:43). Pedro crecía en su apertura para llevar a Cristo a aquellos fuera del judaismo.

Parte 3-Los gentiles reciben el Espíritu Santo

□ Aceptados de todas las naciones Hechos 10:1-2,19-20,30-38

A unas 48 km (30 millas) al norte de Jope estaba Cesárea, el cuartel general de las fuerzas romanas que ocupaban Israel, incluido un centurión llamado Cornelio (Hechos 10:1). Cornelio era «piadoso y temeroso de Dios con toda su casa». Esto se refiere a los gentiles que creían en un solo Dios y respetaban las enseñanzas morales y éticas de los judíos, pero no se habían convertido al no circuncidarse ni seguir las leyes dietéticas judías.

En una visión. Dios le ordenó a Pedro que matara y comiera animales definidos como inmundos (véanse los versículos 9-16). Pedro comprendería esta visión más tarde, cuando entró en la casa de un gentil y encontró una audiencia esperando para escuchar el evan­ gelio. Por ahora, sólo necesitaba obedecer el mandato del Espíritu e ir con los siervos de Cornelio (w. 19,20).

En Cesárea, a través de una visión angelical, Pedro se enteró de que Dios le había dado a Cornelio instrucciones para encontrar a Pedro (w. 30-33). Pedro entonces comprendió que Dios no trata a ninguna nacionalidad con favoritismo (w. 34,35). El mensaje de Dios para Israel era que la paz con Dios vendría a través de Jesucristo a todas las naciones (v. 36). Jesús demostró esto sanando a los enfermos y a los poseídos por demonios (w. 37,38).

□ Llenos del Espíritu—con evidencia Hechos10:39-4

Pedro testificó de haber sido testigo directo del ministerio terrenal de Jesús. Proclamó que Cristo fue crucificado y Dios lo resucitó de los muertos. Había testigo presenciales de su resurrección (Hechos 10:39-41; véase 3:14-16; 1 Corintios 15:3-9). Otro aspecto de este mensaje es que Jesús también juzgará a los vivos y a los muertos (Hechos 10:42). La fe en Él nos libera del temor a la muerte y al juicio (v. 43; véase Juan 3:16).

El sermón de Pedro fue interrumpido cuando el Espíritu Santo cayó sobre todos los que escuchaban (Hechos 10:44). Los judíos cristianos que acompañaron a Pedro estaban «atónitos» (v. 45) o «asombrados» ( n t v ) de que Dios derramara el Espíritu Santo sobre los gentiles. Fueron convencidos por la evidencia de oírlos «que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios» (v. 46). Esta evidencia también satisfizo al propio Pedro. Preguntó si alguien podía oponerse al bautismo en agua de todos en la casa de Cornelio (v. 47). Estos gentiles, que habían recibido el perdón mediante la fe en Cristo y habían sido bautizados en el Espíritu Santo, fueron bautizados públicamente en agua (v. 48). Pedro se quedó allí varios días, probablemente compartiendo con ellos más enseñanzas sobre Jesucristo

¿Qué nos dice Dios?

Dios obró a través de Felipe para tocar a las multitudes en Samaria y para llegar a un indivi­duo en un camino remoto. Obró a través de Pedro para traer sanidad y vida a las personas en Lida y Jope, y para traer el evangelio a un hogar gentil en Cesárea. Dios usará a cada creyente que se abra a su poder y dirección.

 

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