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Verdad central – Dios obra para proteger y perpetuar la Iglesia. Hechos 5:39, Si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios.

Al enemigo de nuestras almas nada le gustaría más que desalentar el crecimiento del Cuerpo de Cristo. Él usará cual­quier medio a su alcance para distraernos del cum­plimiento de la misión que Dios nos ha dado. En la lección de hoy, veremos cómo respondió la iglesia primitiva a tales desafíos, dándonos un ejemplo a seguir en tales situaciones.

La iglesia primitiva enfrentó dificultades, tanto den­tro de ella misma como de fuentes externas. Pero los discípulos de Jesús no se desanimaron por esas dificultades. El poder del Espíritu Santo en sus vidas era claro conforme enfrentaban estos problemas con valentía e integridad.

Pidamos a Dios que nos conceda el valor y la integridad para enfrentar a la oposición, sin importar la fuente, y aun así permanecer fieles a Él.

Parte 1—Dios juzga a dos mentirosos

□ Compartir con sinceridad y alegría Hechos 4:34-37

La Iglesia crecía, tanto espiritual como numérica­ mente. Los creyentes proclamaban el evangelio en el poder del Espíritu. Mucha gente estaba llegando a la fe en Jesús. Un espíritu de unidad prevalecía entre los creyentes. Sin embargo, algunos de ellos padecían necesidades financieras. Puede ser que aquellos que viajaron desde muy lejos a Jerusalén para la fiesta de Pentecostés no tuvie­ran los medios para mantenerse cuando extendieron su estadía después de unirse a los seguidores de Jesús. Algunos de los creyentes locales respondieron cuando surgieron las necesidades, vendiendo propiedades y dando las ganancias a la iglesia para satisfacer tales necesidades (Hechos 4:34,35).

Lucas citó las acciones de José, un levita de Chipre, como ejemplo de esta gran genero­ sidad. Aparentemente, José fue generoso en muchas formas, porque los apóstoles lo llama­ ron Bernabé, que significa hijo de consolación. Vendió alguna propiedad y dio el dinero a los apóstoles para ayudar a los necesitados (w. 36,37).

Cuando compartimos generosamente lo que tenemos, se satisfacen las necesidades y el reino de Dios avanza. La generosidad, dar de uno mismo para beneficiar a los demás, es una fuente de aliento. Compartir con generosidad es mucho más que dar una limosna; es ofrecer apoyo y ayudar a las personas a salir adelante en las pruebas de la vida.

□ Compartiendo hipócritamente Hechos 5:1-11

Como Bernabé, Ananias y Safira vendieron una propiedad con el fin de dar dinero para las necesidades de sus hermanos en la fe. A diferencia de Bernabé, fueron hipócritas en su ofrenda. Permitieron que la codicia y el orgullo motivaran sus acciones (Hechos 5:1,2).

El pecado de Ananias y Safira no fue quedarse ellos con parte del dinero. Era de ellos para usarlo como quisieran. El pecado fue la hipocresía alimentada por la codicia y el orgullo. Su objetivo era ganar reconocimiento mientras practicaban el engaño. Como señaló Pedro, no estaban mintiendo a las personas, sino a Dios mismo (w. 3-10).

Cuando Satanás no pudo frenar a los seguidores de Jesús con presión externa, usó a esta pareja para intentar perturbar a la iglesia primitiva desde adentro. Dios trató rápida y severamente con su pecado (w. 5 9,10). El resultado fue que todos los que se enteraron de lo sucedido tuvieron gran temor (v. 11). El Dios amoroso que envió a Jesús para ser el Salvador también sigue siendo el Dios santo que juzga el pecado. Un temor santo no obs­ taculiza la obra de Dios, sino que ayuda a edificar su Iglesia.

Debemos de permanecer alertas a los artificios de Satanás. Él todavía quiere interrum­pir la obra de Dios tentándonos a actuar por motivos hipócritas. Tales acciones apartan los corazones del evangelio y deshonran al Señor.

Parte 2- EI ministerio empoderado por el Espíritu Santo

□ Trae crecimiento Hechos 5:12-14

Luego de la advertencia en el relato de Ananias y Safira, Lucas volvió a centrarse en el crecimiento de la iglesia primitiva. Fortalecidos por el Espíritu Santo, los apóstoles pudie­ ron ministrar sobrenaturalmente, «[haciendo] muchas señales y prodigios en el pueblo»

(Hechos 5:12). El poder para realizar milagros provenía del Espíritu Santo, no de los após­ toles mismos. Debemos de ser cuidadosos de dar a Dios la gloria por los milagros que ocu­ rren mientras ministramos, porque es Su poder obrando a través de nosotros (3:12-16).

Los creyentes continuaron reuniéndose para adorar y recibir instrucción en la Palabra. Algunas personas no querían ser identificadas con los creyentes, a pesar de que los tenían en alta estima (5:13). Sin embargo, otros llegaron a creer en Jesús a través del ministerio de la Iglesia (v. 14).

El crecimiento se produjo en el fértil terreno de esta joven iglesia a medida que pro­ clamaba el evangelio. La unidad, el amor y la devoción a Dios caracterizaban a los creyen­ tes. La santidad era evidente, particularmente mediante el juicio de Dios de la hipocresía en medio de ellos. Esas mismas condiciones conducirán al crecimiento de las iglesias en nuestro tiempo.

□ Expande el alcance Hechos 5:15,16

El ministerio empoderado por el Espíritu Santo expandió el alcance de la iglesia primitiva conforme el Espíritu obraba por medio de los apóstoles para hacer sanidades. Aun la som­ bra de Pedro al caer sobre las personas resultaba en sanidades (Hechos 5:15). Las gentes de ciudades vecinas a Jerusalén traían a la ciudad sus enfermos y aquellos atormentados por espíritus inmundos para que fueran sanados y liberados (v. 16).

Estos milagros proporcionaron oportunidades para proclamar el evangelio; como resultado, más personas creyeron en el Señor. La gente puede estar más abierta a escuchar el evangelio y creer en el Señor al observar el poder del Espíritu en acción. La sanidad y la liberación son sólo dos de las formas en que el poder de Dios fluye a través de los creyentes para ministrar a las necesidades y alcanzar a la gente para Cristo. Los milagros no son una garantía de que las personas pondrán su fe en Cristo, ya que en el mismo ministerio de Jesús esto no siempre sucedió (Juan 6:26-66). No obstante, el Señor es misericordioso y amoroso, y da alivio a los necesitados.

Parte 3- La persecución y el gozo

□ El testimonio fiel trae problemas Hechos 5:17-28

Los seguidores de Jesús se reunían regularmente en el templo para adorar y recibir las ense­ñanzas de los apóstoles. Celoso de la creciente popularidad y el aumento en su número de seguidores, el sumo sacerdote hizo arrestar y encarcelar a los apóstoles (Hechos 5:17,18). Probablemente esto fue un intento de contrariar a los apóstoles y desanimar a la gente de convertirse en seguidores de Cristo.

Dios, sin embargo, preservó y protegió a la iglesia primitiva. Envió a un ángel que liberó a los apóstoles y les indicó que siguieran proclamando las buenas nuevas en el tem­plo (w. 19-21). El Sanedrín se sorprendió cuando se enteró de que los apóstoles estaban enseñando en el templo en vez de languidecer en la cárcel. El sumo sacerdote los acusó de desobediencia y de promover disturbios (w. 22-28). La fidelidad al Señor a menudo con­ duce a problemas, pero Dios ha prometido preservarnos y protegernos para que también podamos vencer al mundo (Juan 16:33).

No debemos desanimarnos cuando venga la persecución. El Señor todavía preserva y protege a sus seguidores. Quizá no siempre veamos esa obra, ya que las puertas de la prisión no siempre se abren. Sin embargo, podemos confiar en que la Cabeza de la Iglesia está obrando en nuestro favor.

□ Testigos fieles a pesar de los problemas Hechos 5:29-42

En lugar de intimidarse por el Sanedrín, los apóstoles valientemente testificaron de la veracidad respecto a Jesús (Hechos 5:29-32). Procedieron en obediencia a Dios, hablando a otros sobre la muerte, sepultura y resurrección de Jesús, y el derramamiento del Espíritu Santo prometido por Dios. Lo que el concilio pudiera querer era secundario.

Muchos en el Sanedrín querían matar a los apóstoles (v. 33), pero Dios usó el sabio consejo de Gamaliel para refrenar sus acciones (w. 34-39). Los apóstoles fueron azotados, amenazados y liberados en lugar de asesinados (v. 40).

Los apóstoles dejaron el Concilio regocijándose en lugar de quejándose. Se sintieron honrados de sufrir por causa del nombre de Jesús (v. 41). A pesar de estos problemas, per­ manecieron fieles a su llamado de proclamar las buenas nuevas (v. 42).

Aunque los creyentes de hoy no tienen la misma experiencia de ser testigos de la muerte, resurrección y ascensión de Jesús que tuvieron los apóstoles, mediante la obra del Espíritu Santo, podemos tener una firme certeza de la realidad de estos acontecimientos.

El Espíritu Santo nos convence de nuestra salvación y nos empodera para vivir en obe­ diencia a Dios como testigos de Jesús. Si sufrimos por nuestra fidelidad, regocijémonos de que somos «tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre» (v. 41).

¿Qué nos dice Dios?

Las pruebas pueden venir desde el interior de nuestras filas a través de enseñanzas y prác­ ticas engañosas, y desde afuera en forma de oposición y opresión. Permanecemos firmes, no por nuestra propia fortaleza, sino por el poder del Espíritu de Dios en nosotros.

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